Cuenta una vieja leyenda de Oia, que en la ladera de Cano dos Mouros, existe una roca conocida como la piedra del Rey Sol, desde la que un monarca de tiempos muy antiguos adoraba al astro rey durante el atardecer.

Cualquiera que contemple una puesta de sol en la costa de Oia, compartirá la actitude del Rey Sol, ya que le embargará tal cúmulo de sensaciones, ante el espectáculo del sol poniéndose sobre una linea del horizonte que a veces se confunde entre el mar y el cielo, y la masa oceánica en movimiento deshaciéndose en millones de gotas de espuma, que para siempre dejará una parte de su corazón en este lugar.

Oia, en sus 84 Km2 de superficie y con una amabilidad de los 3000 habitantes, permite disfrutar de un espacio con gran número de lugares de interes. La grandiosidad del monasterio y su emplazamiento, los restos de sus antiguas fortalezas, el misterioso mensaje de la prehistoria que podemos percibir a través de los petroglifos, o las construcciones tradicionales de la arquitectura rural gallega... todo eso en un marco natural, en el que la simbiosis entre la montaña, y el mar y el cielo nos harán caer en un embrujo.

Tanto usando la carretera C-550 que atraviesa el ayuntamiento por la costa, como usando las pistas que comunican con los núcleos del interior, se puede disfrutar de una naturaleza única en el Suroeste de Galicia, complementada con una variada gastronomía, omnipresente en los restaurantes y bares de la zona.